El desarrollo de la capacidad clínica se forma con base en la
repetición del enfrentamiento a problemas clínicos; a la asimilación
de las formas de actuación de profesionales que cumplen una
doble misión; por un lado, actuar como paradigmas de esa
actuación y, por el otro, realimentar al aprendiz en sus formas de
desempeño.
En síntesis, la construcción de los conocimientos se representa
como un proceso centrado en la acción, y hacia el cual éstos
podrían “forzarse”, desarrollados en una estructura separada.
Un procedimiento para lograr ese puente, es la reflexión sobre
la acción, a través del cual se induce el razonamiento clínico.
El desarrollo de la
capacidad clínica se forma con base en la repetición del enfrentamiento a
problemas clínicos; a la asimilación de las formas de actuación de
profesionales que cumplen una doble misión; por un lado, actuar como paradigmas
de esa actuación y, por el otro, realimentar al aprendiz en sus formas de
desempeño. En síntesis, la construcción de los conocimientos se representa como
un proceso centrado en la acción, y hacia el cual éstos podrían “forzarse”,
desarrollados en una estructura separada. Un procedimiento para lograr ese
puente, es la reflexión sobre la acción, a través del cual se induce el
razonamiento clínico.
Durante siglos la formación
de los integrantes del área de la salud se ha consolidado principalmente en los
campos de práctica clínica; es en estos escenarios donde los estudiantes de
Enfermería, deben integrar los conocimientos teóricos con los clínicos de
manera combinada, para resolver los problemas a los que se van a enfrentar de
manera cotidiana en su quehacer profesional. La práctica profesional en el
ámbito del área de Ciencias de la Salud puede considerarse como aquella
actividad de una comunidad profesional (enfermeras, cirujano dentista y
médicos) que comparten las tradiciones de una profesión, los conocimientos y
esquemas apreciativos en función de valores, las convenciones para la solución
de problemas, un lenguaje específico y compartido e instrumentos particulares.
Estas actividades profesionales se llevan a cabo en diversos escenarios como
son: consultorios, clínicas y hospitales. La formación clínica de los
estudiantes de las Ciencias de la Salud es el conocimiento práctico (las
convenciones de la profesión, su lenguaje, sus esquemas de valoración
principalmente mediante el método clínico, sus tradiciones, sus patrones de
conocimiento sistemático y de conocimiento en la acción), sobre todo durante
las prácticas de formación: Es una situación pensada y dispuesta para la tarea
de aprender una práctica. Es un contexto que se aproxima al mundo de la
práctica, los estudiantes aprenden haciendo, aunque su hacer a menudo se queda
corto en relación con el trabajo del mundo real. Se sitúa en una posición
intermedia entre el mundo de la práctica y el mundo de la vida ordinaria. Es un
mundo colectivo por derecho propio, con su propia mezcla de materiales,
instrumentos, lenguajes y valoraciones. Influye formas particulares de ver,
pensar y hacer que en el tiempo y en la medida que le preocupen al estudiante,
tienden a imponerse con creciente autoridad. Roldán, Castañeda y Noreña4
refieren que el núcleo clínico, por lo consiguiente, es el conjunto integrado
de conocimientos, teorías, metodologías y formas de acción práctica que
sustentan la formación científico-técnica, humanística, social y ética del
profesional del área de la Salud con base en las funciones sustantivas a
desarrollar para brindar una atención médica o estomatológica o del cuidado de
la vida y curación del ser humano sano o enfermo, con el apoyo de su familia en
su ciclo vital y en los diversos escenarios para su atención. El sistema de enseñanza que se lleva a cabo
en la Facultad es el modelo educativo de enseñanza modular, en donde se plantea
que se debe iniciar por la identificación de una serie de problemas, para
determinar las funciones que el profesional debe desarrollar para resolverlos.
En este sentido, la modularidad se basa en la acción orientada a la solución de
problemas: es un sistema de organización de la enseñanza que tiene como
elementos básicos el desempeño de actividades profesionales graduadas a la
capacidad de los alumnos, en estrecha correlación con la información
pertinente. De esta forma, el módulo es una estructura integrativa y
multidisciplinaria de actividades de aprendizaje, que en un lapso flexible
permite alcanzar objetivos educacionales de capacidades, destrezas y actitudes
que llevan al alumno a desempeñar funciones profesionales. Se considera que
cada módulo es autosuficiente para el desempeño de una o varias funciones
profesionales. Dentro del modelo pedagógico que se adoptó, cabe señalar la
relación universidad-sociedad y la función de la práctica profesional. El
modelo de servicio que se pretende en este sistema tiene que ver con la
concepción de práctica profesional de esta dependencia, en la que se concibe al
alumno como un ente productivo, se vincula la docencia con el servicio y se
agrupan las funciones y objetivos a través de los módulos y no de disciplinas.
Por lo cual, el practica es el hilo conductor en torno al que se estructura la
currícula de los profesionales del área de las Ciencias de la Salud; es el eje
alrededor del cual se articula el currículum; es el punto de inicio de los
aprendizajes que los alumnos llevan a cabo; por lo tanto, los contenidos de las
diferentes materias o módulos deben construirse para resolver los problemas a
los que se enfrentará en la práctica formativa, al engranar la reflexión en la
acción y sobre la acción. Es decir, hay que partir de la práctica para analizar
los problemas, cuestionar las estrategias usadas para resolverlas, revelar los
procesos de reflexión durante la acción y analizar los esquemas y teorías
implícitas que se usan y poder madurar como profesional de la salud. Dicha
situación se encuentra relacionada con diversos factores:
a) La currícula presenta un énfasis principal
en los aspectos teóricos; los planes de estudios prestan poca atención en lo
referente al aprendizaje clínico y, por ende, en el conocimiento práctico de
los estudiantes, situación que se evidencia en la carencia de programas que
guíen la enseñanza clínica (el qué) y de intervenciones educativas (el cómo),
que favorezcan los aprendizajes de los alumnos en situaciones reales
(experiencias de cuidado o tratamiento), que propicien el aprendizaje en la
acción práctica (reflexión), más que en la acción instrumenta, así como en las
formas de evaluar las competencias logradas.
b) Otro factor es la escasa formación docente
en cuanto a la enseñanza clínica se refiere (hay más preocupación en el ámbito
de la enseñanza en el aula o disciplinar, que en la formación del docente en la
enseñanza clínica), lo cual propicia que el profesor, en lugar de fungir como
un asesor experto, la realice como le enseñaron a él sus docentes o, en su
defecto, delegue esta función a los profesionales de los campos clínicos que
laboran en las diversas instituciones (los cuales desconocen el plan de
estudios, programas y estrategias para la enseñanza clínica).

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